El año 2008 no ha sido para enmarcar. Ha sido el año en que más premios y más palos me he llevado. Pero los premios me resbalan, y los palos no, como a casi todo el mundo. De hecho ha sido uno de los peores años de mi vida o, ahora que lo pienso, el peor. Por eso estoy enfadado con el mundo, por eso estoy triste.
Las dos vías de curación que había para mi enfermedad se cerraron. Una porque la farmacéutica Wieth decidió "descontinuar" el proyecto. La otra porque mi mutación es heterocigota y el adenovirus sólo trabaja con homocigotas. Yo me hice el fuerte, y empecé los trámites para la creación de la Fundación Pablo Soto, que lucharía para encontrar soluciones, pero la verdad es que estaba acojonado. Este año cumplo 30 y esa es la edad en la que la silla de ruedas se convierte en realidad en mi enfermedad.
El dólar se puso cabrón. Y cuando digo cabrón, quiero decir que tuvimos que parar Omemo, el proyecto en el que tanto esfuerzo, cariño, tiempo y dinero había puesto. Tuve que luchar contra la falta de financiación, tuve que despedir a compañeros que eran amigos, y cerrar proyectos que eran casi hijos míos, pero no me rendí.
Y así llegó el verano, y una bomba explotó un día. La demanda apareció de la nada, cuando ya no la esperaba, cuando nadie la esperaba. Y vino con violencia inusitada, miles de folios y requerimientos y notas de prensa dirigidas a nuestro punto de flotación. Haciendo gala del matonismo procesal que las caracteriza, las discográficas incluso pidieron medidas cautelares después de presentar la demanda. Seguí luchando, porque sé que esta batalla es importante. La guerra de la cultura libre es importante para mí. Tenía que ser fuerte.
Entonces, el día de navidad, la guinda del pastel se plantó de repente ante mis ojos. La persona con la que, tras haberlo dejado e intentando volver, como suelen pasar estas cosas, quería emprender un proyecto de vida -casa, 1.5 hijos, perro y vacaciones en murcia- tenía otra persona en su vida. Los dos siguientes meses fueron un calvario emocional, en el que he comido más mentiras que las que he dicho en toda mi vida. Y se me acabaron las fuerzas.
No creo en las rachas malas, pero cuando el jueves me caí y me rompí la boca contra el suelo, dije, he tocado fondo. Y vaya si lo he tocado. Con toda la boca.
Y es así que ahora estoy luchando para estar bien. Para sentirme bien. Intentar ser fuerte no vale de nada, así que me centro en sentirme bien otra vez. Porque sé que soy el hombre más fuerte del mundo, y si me siento bien puedo con todo.
Y lo voy a conseguir, por mis cojones que lo voy a conseguir. Así que chicos, ir enfriando la cerveza y chicas, iros bajando las bragas, que Pablo va a volver a la ciudad, y vendrá con más ganas de vivir que nunca.
miércoles, marzo 11, 2009
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