viernes, diciembre 24, 2004

El valor de la vida, la muerte y el mobiliario urbano

Cuando hace unos meses un grupo de nazis dieron una paliza a Roger Albert de 25 años, acuchillándole en el cuello y dejándole en coma, ningún medio de comunicación nacional dijo ni pio.

Cuando el viernes pasado Roger murió en el hospital, ningún medio de comunicación nacional dijo ni pio.

Hoy, las televisiones y los periódicos más importantes de este país dan, a bombo y platillo, la noticia de que anoche miles de activistas del movimiento okupa, anarquista y comunista destrozaron rabiosos el centro de barcelona rompiendo mobiliario urbano y quemando cajeros. Segun dicen estos, al parecer la manifestación surgió como protesta por la muerte de un okupa en una pelea.

Roger era un joven de mi edad y ahora está muerto. ¿Cómo hay que decirlo?

Está claro, el destrozo de las propiedades del estado y la banca es inadmisible. No así las palizas que los neonazis propinan a diario a todo ser humano que pasa por su lado. No así tampoco la muerte de un joven. Si una vida vale menos que un par de cajeros automáticos de buena gana me llevaría yo a la tumba unos cuantos destrozos urbanos. Al menos así el nombre de Robert y los detalles de su asesinato no quedarían en un formulario de urgencias del hospital.